agosto 29, 2008

“La novia de Platero”: Otro cuento extraterreno de Pepe Liboy

Por: Redacción de Estruendomudo en extranjería

huevo

Escribe José Liboy Erba

Mi aprendiz quería saber por qué a veces golpean a los aprendices en las calles, y yo no sabía cómo explicárselo enseguida, sino que tenía que conseguirle a otro maestro que la acompañara en lo que resolvía el espinoso problema que nos provocaba la agente Cinta Marín, quien supuestamente era maestra igual que nosotros, aunque mostraba un vivo interés por una especie de organismo con un nombre enganchado, sin antecedentes profesionales o sociales, seguramente de otra especie que la humana, pues aunque apuesto no hacía nada y por ser de otro lado, comisionaba millones en la compañía que lo tenía contratado para vender calendarios.

Cinta Marín sabía que el Departamento de Educación no veía con buenos ojos su interés por el extraterrestre, ya que no lo quería educar. Prefería tenerlo bien mimado en el trabajo, aunque en realidad lo tenía pillado, ya que a otro vendedor de la compañía le había comprado mucho dinero en calendarios, y no quería pagarlos alegando una inconsistencia en las fiestas religiosas que anunciaban. No sólo pillaba al extraterrestre por el lado político, ya que era él quien estaba llamado a resolver el problema, y ya estaba mal visto por las religiosas que lo podían educar. Cinta lo presentaba en la sociedad del pueblo donde se regalaban los calendarios como un antropólogo irresponsable, que no se ocupaba por conocer las verdaderas fiestas.

Mi aprendiz iba a salir con el extraterrestre, para ver si lo criaba, pero Cinta estaba enterada y había llamado por teléfono a una amiga suya para que me reclamaran dinero por un atraso en la entrega de unos bolígrafos. La muchacha estaba dispuesta a dejarse ver conmigo en los puestos de comida, para que el extraterrestre la invitara a salir porque era segura y amiga, pero temíamos una medida drástica de Cinta con el vendedor de los calendarios. De manera que le tuve que decir a mi aprendiz que no saliera conmigo, que se quedara con el otro maestro en lo que resolvíamos el problema con Cinta Marín.

No es fácil resolver el problema de Cinta Marín. Un etnólogo te podrá decir que su inquietud religiosa se debe a su incapacidad reproductiva, y que con darle un bebé aunque sea del elefante bastaría para calmar su reciente celo por las fiestas. Yo podría decirle a mi aprendiz que le donara un organismo obtenido con el extraterrestre, pero me siento irresponsable si entrego a una joven como yo, que a los veinte años tiene un horario de dos horas diarias y un sábado en la librería local. No quiero entregarla porque eso mismo es lo que me pasó a mí cuando joven, que tuve que mezclarme con una extraterrestre para donarle un organismo a otra celosa.

Cuando yo estudiaba en la Universidad, el maestro de Cinta me dijo que mi amiga era novia de Platero, el burro de Juan Ramón Jiménez, quizá con la idea de desalentarme un poco y no tener que comprometerme. Pero yo en vez dejé de estudiar y me puse a trabajar dos horas diarias y un sábado, pues al parecer quería a mi amiga y no quería dejarla guindando. No sabía si era este el caso de mi aprendiz, que aunque era como yo es mujer y no tenía perspectiva alguna con Cinta. No era lo mismo casarse con un extraterrestre para donar un hijo, que hacer lo que hice yo, casarme con una extraterrestre para cumplirle a mi amiga. Puede ser que por eso no la alentara a hacer lo mismo, y pensaba que el maestro de Cinta pensó lo mismo que yo, cuando me vio confundido porque mi extraterrestre fue al doctor.

Así que llamé a Cinta por teléfono y le dije que mi aprendiz quizá no podría ayudarla a cumplir con sus votos. Ella no me creía, así que retuvo los miles en calendarios que le retenía al vendedor hasta que por estas presiones cediera mi aprendiz, que me estaba viendo leer libros para ser escritor de nuevo. Lo más que tratábamos de evitar no era que naciera un bebé extraterrestre, sino tener que terminar nuestras vidas con una carrera literaria. Nos parecía que ser escritor es lo peor. Lo decía un argentino en un libro nuevo que estaba leyendo, y al parecer todo lo hacíamos para no tener que terminar escribiendo novelas.

En una nueva movida, Cinta no solo dejó de pagar los calendarios alegando la inconsistencia en las fiestas religiosas. También averiguamos que los repartió en el pueblo vecino, donde las fiestas del que habíamos impreso funcionaban perfectamente. De modo que se estaba haciendo promoción a costa nuestra, sin pagar, lo que preocupaba a los ejecutivos de la corporación, que sabían que Cinta era una mujer esencialmente buena que tenía necesidades perfectamente comprensibles. Lo único que le reprochaban era que le gustara el extraterrestre para procrear. Habrían querido que fuera yo, pero aunque buena, Cinta nunca me amó y eso tenían que tenerlo en cuenta los corporativos. Poco antes de que me reuniera de nuevo con mi aprendiz, supe que mi nueva cliente tampoco me quería pagar a mí. Se estaba brevando una especie de protesta solidaria por Cinta, creyendo que era yo quien me oponía a que acabara viviendo con el joven extraterrestre. Yo sencillamente me reuní con mi aprendiz y su nuevo maestro, que iba a seguir enseñándole cuando yo estuviera ausente, ya que sin remedio iba a estar diez años trabajando en ventas para pagar la deuda impaga. Mi aprendiz se conmovió un poco al saber que acaso no me viera más. Le dí la mano.

-Pronto te mando unos cuentos- me dijo.
-Está bien- le dije. –Los espero.

agosto 29, 2008

Tercer sobresalto: Nuevo capítulo de la novela por entregas “Hardboiled se llama el género”, de JC Quiñones

Por: Redacción de Estruendomudo en extranjería

james d

Escribe Juan Carlos Quiñones

Todo lo que pueda arreglar hoy lo dejaré para mañana
-Babasónicos

Hoy llueve y es de noche. Este es el resumen de una novela linda y terrible de la cual no quiero acordarme. Hoy es el día de las reparaciones. Ajustes. De cuentas. Hoy llueve y es de noche y un cigarrillo y ya vamos cayendo en personaje. Llueve hoy y es todas las noches y ya es demasiado. Demasiada literatura. Hoy hace pum.

Buscaba como me toca y como apuesto que le toca a todo el mundo que vive así, con una espina entre el homoplato y el espinazo, el origen de un resentimiento. Detrás de los ojos. Cuentas. Por cobrar. En esos lugares donde uno nunca alcanza a rascarse. Un nombre, que ya siempre es una deuda. Un peluche. Adelaida. Digamos, escribamos que desperté y era de noche y llovía y ya aburre el tema. Aburre hasta el fondo del alma. Pero no debe aburrir el peligro que viene ocurriendo, que ocurre cuando viene exactamente el ¡pum!

Pum.

Lejano hoy, en esta noche, como el rugido roar de una cierta bestia indecisa en la selva verde y muy oscura donde lo más lejano felino se te acuesta encima con sus zarpas acariciándote el pecho o las sirenas de los carros policíacos uaua o los bomberos slush apagando un fuego o las ambulancias uaua que se dirigen directo a recoger a los desvalidos, a los rotos, a las Adelaidas retorcidas del mundo siempre lejanas. Siempre heridas. A los muertos, las Adelaidas, por eso ¿Por qué tengo que ir tan lejos? 911. Son como una pesadilla, las sirenas. Los zarpazos. Algunas pesadillas. Siempre se alejan. Lo lejano tiene la tendencia de acercarse. Inminente. Tú. A oídas. Un panorama hecho de ruidos, hecho de la materia intangible y sonora de lo que se sospecha. Causa pavor. Es hermoso.

¿Qué día es hoy? Es la gran pregunta del día. Me volteo. En la cama de este cuartucho que se voltea en el mundo que se voltea. El vértigo. Sacudo algún miembro de este cuerpo. ¡Pum!, ese tiro me despierta del sueño, si es que la naturaleza de las sirenas y otras cosas que no voy a nombrar no tienen ya la naturaleza de la pesadilla. El tiro viene del futuro y yo lo sé, y ya es saber mucho. Milisecundariamente, todo disparo viene del futuro. Depende a quién se le pregunte. En certeza depende del dato fijo de quién tiene la pistola por el mango. ¿No podría yo desenvolver estos entuertos mañana? Mañana suena bien. Sé que huyo hoy, y mañana siempre suena bien para el que huye.

¿Pero qué carajos pasa cuando uno huye precisamente del mañana, mientras se abalanza uno, él, tercamente, como un peso muerto, un pescado, una masa de harina cruda, directamente hacia él, hacia uno?.

Adelaida, o la venganza de ella me espera allá, precisamente al fondo del caño, al borde de los zarpazos, en la punta de los dientes, a los dos lados del cañón de una pistola nueve milímetros milisecudarios, al otro lado de los ojos que se cierran para siempre o ya cerrados, para siempre.

Hoy eres hermosa. Por eso el odio.

Hoy es de noche y la pesadilla no tiene problemas con presentarse, desfachatada, a joderme la vida si es que es tal, si es que hay tal. Sirenas. Dientes. Cigarrillos sin posibilidad de encendedor, o viceversa. ¡Huy! No es exactamente de noche porque me paso la mano por la boca, así, y encuentro la baba seca de una noche reciente y sórdida anterior. Una noche donde pasó una atrocidad o donde tuve que descifrar una atrocidad y no lo hice, o no lo logré a cabalidad. Un nombre, una cifra me espera, y no soy ciego pero no veo claro. ¡Zas! Encuentro, en ese ¡zas! la memoria de lo que precisamente no quiero recordar. Un peluche. Hay que ir. Ese tiro, esa boca de ruido es exactamente a lo que voy, y voy. Pantalones. Error. Mano izquierda estirada hasta el paraíso de los cigarrillos, no tan error. Mano derecha pasando por el pelo, James Dean. Error. Mano derecha abriendo la nevera de este cuarto mustio otra vez, otro error, más cabrón. Porque allí no hay nada. Un segundo. Hay nada excepto un peluche rojo en el cajón de los vegetales a punto de desabrirse y que no están y toda la lluvia ahí adentro. ¿Desvarío? Meto la mano. Descubro lo increíble. Lo que no dicen los espejos ni el sentir de los demás. Percibo con mis ojos grandes y atónitos tres rayas en la mano izquierda, la derecha. ¿Nadie ve? Descubro un conocimiento mojado y retorcido y siguiente:

Soy hermoso.

agosto 20, 2008

Periódico Diálogo de la Universidad de Puerto Rico lanza nueva revista cultural: “Desafío”

Por: Redacción de Estruendomudo en desvío

dialogo

Escribe Perla Sofía Curbelo

Nuevo “Desafío” cultural para el periódico Diálogo

A un lado quedaron las reseñas culturales a las que está acostumbrado a recibir el público lector en los medios tradicionales. Ahora la intención es ‘revolver el hormiguero’, proponer en vez de recoger; provocar en vez de apaciguar. Estos son algunos de los retos pricipales de Desafío, el nuevo suplemento cultural del periódico Diálogo de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

De acuerdo con su editor, Manuel Clavell Carrasquillo, el nombre Desafío surgió precisamente de los retos que encarará el mensuario de la UPR con este proyecto cultural, que por muchos años se conoció como Zona Cultural. “Queremos presentar una identidad fuerte y que a su vez el nombre tenga relación con el contenido”, explicó el periodista, quien fue nombrado en mayo a esta posición. “Es un desafío presentar un material cultural desde la escritura crítica y la opinión periodística que refleje un poco lo que está pasando en el mundo”, abundo Clavell. “Esto no significa que vamos a aceptar cualquier cosa que te llegue, pues no somos un tablón de expresión pública”, destacó. “Tiene que haber un proyecto editorial que guíe esa publicación…tenemos un criterio editorial, una misión”, añadió.

Aparte del reportaje central, Desafío cuenta con cinco columnas fijas: Fetiches, Quebrantahuesos, Las vainas de San Juan, Música Anyone? y Fuera de la sombra. Por las próximas diez ediciones, las columnas se utilizarán para presentar contenidos con la intención de desafiar y provocar a los lectores para que participen, refuten o regañen.

Según Clavell, los colaboradores seleccionados son “puntiagudos”, no tienen problema en herir sentimientos, reconocen que tienen un trabajo serio entre sus manos y no les molesta que una persona difiera de ellos. “Hemos menospreciado el periodismo de opinión”, señala Clavell. “No podemos tolerar que una persona opine distinto a nosotros, porque de lo contrario la callamos y se acabó”, añadió. “Queremos que la gente entienda que la provocación no sólo se logra desde el Hard News, sino también desde las secciones culturales”, abundó.

Asimismo, el nuevo editor cultural está enfocado en presentar una voz homogénea a través de las páginas de Desafío. “La homogeneidad no significa aburrimiento o tedio, sino que vamos a tener una sola voz para que el lector reconozca el producto”, indicó. “Que se ame u odie a nuestros columnistas porque una columna ‘terrible’ es una buena columna que se va a leer”, acotó.

Manuel Clavell recomienda prestar atención a:

1. El fenómeno de los “reality shows” como Objetivo Fama. “Por más que querramos negarlo, la televisión cambia la forma en que el público se relaciona con la cultura y el que quiera negar eso está enajenado”.

2. La Comay. “Aunque nadie lo quiere aceptar, el ámbito cultural está copiando esa fórmula ganadora de comunicar”.

3. Edgardo Rodríguez Juliá. “Creo que no lo hemos leído bien; es irreverente, habla malo… molesta lo que él dice”.

4. Wisín y Yandel. “Lo que ellos han hecho con el lenguaje; el rescate lingüístico no se está pensando en términos culturales”.

5. Artes Plásticas. “(Los artistas) se han dejado contaminar positivamente por otras cosas…la representación empresarial, el mercadeo, la publicidad, ha dejado el canvas como su único interés. Contrario a los músicos, literatos que piensan que hay que dárselos todo porque lo único que tienen que hacer es crear porque sino sería una ofensa (para ellos)”.

Manuel Clavell nació en San Juan, Puerto Rico. Tiene 32 años y es el mayor de tres hermanos. Es periodista y bloguero. Su trabajo periodístico ha aparecido en diversos medios de prensa del país. Obtuvo un bachillerato en Ciencias Sociales con concentración en Ciencias Políticas y aprobó los cursos conducentes a la Maestría en Literatura Comparada de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Río Piedras. Asimismo, completó un Juris Doctor de la Escuela de Derecho de la UPR. Es abogado/notario licenciado. Además de ser el editor cultural del periódico Diálogo mantiene el reconocido blog cultural Estruendomudo en www.carnadas.org/blog

agosto 19, 2008

Lo mejor de …El plan…

Por: Redacción de Estruendomudo en extranjería

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De la Redacción de Estruendomudo

Desde el blog vecino …El plan…, del profesor de derecho Hiram Meléndez Juarbe, nos llega una excelente explicación de la última decisión del tribunal federal sobre los derechos de propiedad intelectual en los mundos virtuales relacionados con las licencias de Creative Commons. Pulse aquí para leerla.

agosto 18, 2008

Fragmento del cuento “Los hijos de Sergio Medina”. Escribe José Liboy Erba

Por: Redacción de Estruendomudo en extranjería

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Escribe José Liboy Erba

Muchos años después de su oscuro nacimiento, Sergio Medina escucharía una tonada de salsa que le traería la falsa reminiscencia de una pareja que bailaba en las calles de la ciudad en la que aparentemente había nacido. Sus padres actuales eran un contable y una dietista. Ella lo había tenido del tanque en una resaca de niños sin padres. Heredaban no solamente al bebé, sino las enfermedades de los padres. Medina, pensando en padres desconocidos, miraba en la distancia la hecatombe de aquella ciudad en la que no había podido nacer. De las canciones de salsa que le llegaban de allá, de las letras que escuchaba, no le quedaban sino unos vagos recuerdos, cuando por fin tuvo tiempo para pensar que no estaba con sus padres naturales. La imagen de unos bailadores le llegaba insistentemente, pero ni de ello podía apercibirse ahora. Cuando fue a la universidad, tuvo que donar un hijo. Las muchachas con las que habría podido salir, si no se le hubieran requerido esas células, ahora lo consideraban un pobre miserable que no podía hacer nada para impedir que le pidieran hijos.

Se le encargaba ahora bregar con un lote de células de hijos, que como él no tenían padres. No había encontrado candidatas idóneas. Las familias pudientes que trataban de esconder sus embriones ya habían desaparecido también. Recordaba haber leído una novela sobre la herencia de unos niños alemanes que el Tercer Reich le dejaba al mundo. Estaba leyendo esa novela sin saber que él mismo era una herencia, sólo que sin padres. La canción de salsa le llegaba a los oídos limpiamente. Los cencerros y los timbales resonaban en su cabeza. Una descarga de piano que siempre le confiaban a un tal Palmieri, lo hacía pensar que hasta en la música hay una persona que se faja mientras los demás no hacen nada. Pensando en esto, se trepó en el carro de sus padres de crianza y decidió ir a vender algunos anuncios. Su padre de crianza lo había anunciado para los veinte años. Ya en este mundo, los que se iban a casar no conocían familias de muchachas. Todo se hacía estadísticamente. Seguir hilando palabras, que después no quedaban en nada. Pensar en el cabello rubio de los personajes de las novelas de espionaje que le había dejado su papá de crianza, ahora recientemente fallecido. Trató de imaginar una carrera de caballos, algo que lo sacara del ensimismamiento. Algo que aunque fuera un libro le llamara la atención, pero ni modo.

Para escapar del terrible calor tropical y del teclado de la computadora en la que escribía su historia, pensó ir a la librería. Pero ya los libros no le decían nada. Su hermano le regaló una tarjeta para celebrar que era padre, aunque su hijo había nacido del tanque también, aunque él quisiera ser un padre que no olvidaba a su hijo. La verdad es que ni con el hijo vivía. Las mujeres estaban tan acostumbradas a parir esos hijos anónimos, que el hecho de que un padre fuera la excepción, no le permitía a nuestro amigo cambiar el signo de los tiempos. Así que entes de ir a la librería, fue a la universidad y encontró que la librería de la institución, en la que compraba libros baratos, ya no estaba abierta y que el periódico de izquierdas que de cuando en vez auscultaba, estaba por cerrar por falta de lectores. Un comienzo de vanidad le hacía pensar que podía, si quería, publicar sus cuentos. Pero a nadie le interesaba realmente la historia de un embrión perdido como él. Pensó, como es de esperar, que su padre de crianza lo había sido todo en la vida y que ya no le quedaba un sitio a donde ir, ni una meseta a la que subirse, ni una fonda en la que pudiera comer siquiera una comida caliente.

Recordaba ahora a la muchacha estéril que le había pedido el bebé de regalo. Era una mujer bonita a la que él fue a ver como si le celebrara un cumpleaños. No es que quisiera salir del bebé, pues le encantaban, pero quería hacerle ese regalo a la muchacha impedida. Recordaba que ella estaba de lo más contenta y con la esperanza de ser madre, aunque le decía para disimular el traspaso, que en realidad se quería casar con él. Sergio sabía que ella no quería casarse realmente, sino que estaba esperando el regalito de la célula. ¿Era esto una recesión? ¿Por qué, si él mismo era un embrión descartado, había tenido que encargarse del nacimiento de su hijo, igualmente descartado por la mujer que estaba con él? Pensaba en esas mujeres de Nueva York que no sueltan prenda nunca y que le dejaban esos huevos en la isla para que se defendiera. Especialmente en esta última década, las muchachas de Nueva York habían tapado el banco de tantos hijos que habían dejado sin nacer.

El lote de células había crecido muchísimo desde entonces y había que liquidar el banco injertando algunas células. El problema eran las candidatas que no era tan fácil conseguir, sobre todo porque los padres no se ocupaban de que nacieran sus hijos como debía ser. Estaba leyendo ahora una novela donde la protagonista hablaba de los sombreros que tenían que conseguir los padres cuando se casaban con una muchacha pobre, pero apenas le quedaba memoria de esa novela. Así que ahora estaba por emborracharse en alguna barra de ciudad, porque el trabajo que le tocaba era harto impopular. Tener que ponerse a conseguir padres era la peor encomienda. Llamó por teléfono a un muchacho que también era un embrión descartado, aunque no era tan infeliz como él.

El muchacho le dijo que fuera a buscarlo a su casa, pues pensaba aliviarle la tarea llevándolo a una feria. Especie de circo itinerante y feria, guardaba algunas monstruosidades biológicas. El muchacho descartado lo llevaba para que se diera cuenta de que por lo menos no eran personas deformes. Le hacía ver que pensar en la legitimidad de su ascendecia era como pensar en el oro de una pulsera de reloj. Poco importaba que una madre desfavorecida lo hubiera dado a luz. Lo que importaba era el amor que le pudieran dar los padres escogidos. Pero Sergio tenía esa estúpida reminiscencia de una pareja de bailadores, y al parecer, como estaba empeñado en visitar la ciudad de Nueva York, donde se había obtenido la cepa que le había dado la vida, el muchacho que era como él nada había podido hacer para sacarlo de esa nostalgia falsa.

Falsa porque a Nueva York no había ido nunca. ¿Cómo podía recordar unos padres con los que nunca había estado? ¿Cómo imaginaba una pareja de bailadores que se querían, pero que no podrían estar toda la vida juntos? Y ahora que había tenido que donar un hijo él mismo, se le acrecentaba esa idea. Esto ya estaba quedando como un viejo cuento de los de su país. Un poco agobiado por el peso del calor, y sin maña de hacer mejor, le invitó una cerveza a su amigo. Pasearon por la feria un buen rato y no encontraron nada feo. Se lo habían llevado todo para otra parte. No había nada feo que ver, así que viraron sobre sus talones. Tamaño trabajo le esperaba ahora, que tenían que visitar varias parejas sin hijos. Ya no era lo mismo que celebrarle una fiesta de cumpleaños a una muchacha bonita, aunque desfavorecida.

El tierno riel de la vida que a todos nos acoje, se lo llevó de la feria ese día porque tenía mucho trabajo que hacer. Ya para empezar, vio en la portada del periódico que iba a cerrar, una pareja que pedía cien mil dólares por dar a su bebé. Ella era como una maestrita del sistema público, y él aunque había sido campeón de natación, estaba ahora con una venerable barba blanca. Recordaba que él no le había cobrado nada a la muchacha que tuvo a su hijo, por el hecho de no ser únicamente un embrión descartado el que le regalaba, sino por el hecho de que tuviera un defecto en la mano que le impedía, como los otros, vender a sus hijos. Eso pensaba este señor, cuando una nueva pareja se les apareció. Ella estaba con medicamentos porque no quería tener hijos con defectos y prefería pagarle a la pareja del nadador y la maestrita. Pero no podía pagar cien mil dólares, así que estaba con medicamentos. El cuento perfecto que pensaba escribir Sergio, no podía hacerlo ahora. Nada encajaba bien, todo se iba por la borda, con recuerdos y todo. Pensó en los cuentos imperfectos que había visto publicados en una revista de Carolina, pero ni modo. ¿Cómo convencer a la pareja de que tuviera uno de los embriones sobrantes? El plan médico podía proveer la cepa, y ellos serían como sus padres, que tendrían un hijo que aunque imperfecto, no sería mala persona y quizá hasta le iría bien en la escuela.

Como estaba en la casa con su madre, ahora que su papá de crianza había fallecido, ella le dijo que rebuscara entre los libros viejos de su papá para ver si podía aprender nociones de economía. Con su mamá, vendía paraguas y calendarios, y todo el mundo lo conocía como una persona que iba a ser escritor, pero que por haber tenido que donar un hijo, se habían tenido que retirar de la literatura, pues la gente literaria al parecer no creía en eso. Encontró entre los libros que había leído en la adolescencia, cuando pensaba en sus padres verdaderos, los bailadores, el famoso libro de la herencia del Tercer Reich. Las pájinas ya ajadas por los años, y la sensación de que la ilusión no era la misma, ahora que sabía que la pareja de bailadores en la que pensaba era una reminiscencia de su familia original. Pero ahora ni por nada del mundo estaría con esa gente de Nueva York. La sola idea de tener que bregar con una madre orgullosa que no lo aceptaba lo tenía lejos de buscar la verdad. La novelita de espías de su papá, aunque ya leída y masticada en otros tiempos, le trajo dulces recuerdos de cuando pensaba convertirse en un intelectual, antes de que le pidieran el bebé en la universidad. Había sido bueno querer ser intelectual, es decir, todo el mundo debe soñar con ser inteligente y tener un trabajo inteligente. Volvió a repasar las páginas de la novela. En el primer capítulo, un submarino alemán que iba a llevar la herencia nazi perfecta por todas partes, con fuertes y rollizas enfermeras. Pensaba que él no podía ser personaje de una novela de personajes perfectos, y pensaba que el chicle no le daba para mascar el tiempo de leerla otra vez.

No obstante todo esto, pensó en el recuerdo de las novelas de espionaje, Hay quien imagina que los cuentos se recuerdan mejor cuando no se tienen a la mano, que tener de nuevo el cuento y volverlo a leer no tiene gracia. La literatura que leíamos cuando éramos adolescentes, ya se quedan pequeños como las casas de las abuelas que visitamos en la isla. Ahora que todo le parece postizo, padres y relaciones, aunque no sea cierto, pues esas novelas o los recuerdos de esas novelas de espías son como la pareja de bailadores. Es verdad que le gustaron las novelas sobre la herencia alemana perfecta, pero no pensaría ni aunque fuera perfecto, ser una herencia metida en un submarino. Ahora estaba leyando una nueva novela sobre nazis escapados. El tenderete de libros del Centro Comercial ya no estaba y allí habían leyendo Mi Lucha, de Adolf Hitler.

agosto 11, 2008

Segundo sobresalto. Otro capítulo de la novela “Hardboiled se llama el género”, de Juan Carlos Quiñones

Por: Redacción de Estruendomudo en extranjería

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Escribe Juan Carlos Quiñones

El hombre mira hacia abajo, hacia las rayas de su mano izquierda, como se mira hacia el horizonte lejano. Un mándala destruido, hecho de arenas de colores que el viento voló dejando rastros a descifrar, su mano. Izquierda. Tres rayas, tres navajazos trazos que se cruzan. Esas marcas, intrauterinas, elucubran una historia. Y este hombre es todo historia. Allá, en ese horizonte lejano donde se cruzan las líneas, está oculto lo que se busca, lo que ruega ser revelado. Buscando la historia que le pertenecería (¿el final de la historia que le pertenecería?) él descubre que todos los caminos hoy conducen a Roma. ¿Eran igual ayer? ¿Las rayas? ¿Un destino que se tuerce? ¿O sigue igual? ¿Cómo saberlo? Anoche llovía. ¿Hay una gota de lluvia en esa mano? ¿Hay una noche escondida en los surcos de esa mano?

Flash, y es anoche.

Esa mano, ayudada por la otra, la del otro lado del mundo (otro horizonte, otra historia que contar) aprieta el cuello de un cisne. Eso es lo que dicen las líneas de esas manos.

Drip. Una gota. Esta es roja. Como un peluche. Como un cierto peluche perdido, encontrado, reencontrado.

Zoom a los ojos. Grandes. Grandes. Abiertos como galaxias inmensas. Los ojos son espejos del alma, y eso es un clisé. No es tan clisé que ocultan y revelan gotas, son la lluvia del alma, y son capaces de reflejar la atrocidad y llorarla. ¿De quién son estos ojos que miran con tanto empeño esa mano-horizonte-destino de sí y de otros? ¿Soreno? ¿Quiñones? ¿Hay diferencia? Hay que preguntarle a aquel, aquel que le habla a Galliano, aquel que Galliano convoca como un talismán de aire en sus momentos de zozobra. Ese viaje se hará. Quiñones irá. Pero no hoy.

Cualquier noche. La noche de la atrocidad o la noche del descubrimiento posterior de la atrocidad o aun la noche de la resolución terrible de la atrocidad. En esas mil noches más una, en todas ellas, llueve. En una de ellas se oculta Adelaida y en Adelaida se oculta su peluche y en el peluche se oculta un secreto que esta escritura intenta descifrar. Por ahora, baste con escribir que esos ojos repletos de agua y de asombro reflejan a Adelaida, que está muerta. ¿Qué mano la zozobró? De eso se trata. Si sabemos, si podemos saber que en su mano derecha, ya tiesa, se oculta un peluche como un pajarito cobijado en su nido. Esta imagen es tierna. El cuerpo malogrado de Adelaida no lo es. Por eso la grandeza de aquellos ojos.

Zoom.

agosto 4, 2008

Un camaleón al asecho de Galliano o aquí el reptador es otro. La Ponka asesina capítulo 4.

Por: Redacción de Estruendomudo en pretextos

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Escribe Manuel Clavell Carrasquillo
Especial para Estruendomudo

I’m a man with conviction
I’m a man who doesn’t know
How to sell a contradiction
You come and go
You come and go

-Karma Chameleon, Boy George

Será esto la eternidad
que aún estamos como estábamos.

-Gabriela Mistral, 1948.

Tras el estremecimiento de la última fibra cardiaca que te causó la mirada de la Ponka, te hiciste el loco –!qué mal te iba, macho!-, fuiste dejando el bailoteo con disimulo y te acomodaste subrepticiamente, como reptil burdo con sorpresivo ataque de cortesía, recostado contra una columna. Ya posicionado como estatua barroca, específicamente como el Cristo del Expolio, empezaste a trabajar con tus complejos y tus dudas. ¿Estará pidiendo cacao el chamaquito este?

Bailar con él después de la señal que te hizo con los ojos, pegártele con malicia y bellaquera, posiblemente no sería percibido por el resto de la concurrencia. Entonces, Gallianito, ¿qué te pasaba? ¿Por qué la retraída?

Es posible que la droga no te permita recordar el titubeo, los movimientos peristálticos acelerados repentinos y el toqueteo directo imposible de tus partes (te lo impedía el pantalón del traje y el algodón del boxer) para avisarle desde lejos que no te estabas rajando, sino que posponías.

Tuviste ganas de ver su respuesta después que te agarraras. Querías comértelo allí mismo, a base de su respuesta al capeo, y de explorar la forma dura de su culo bello rozándole la tela de los mahones negros con tus manos abiertas, luego flexionadas como garras en gesto de sujetar la presa sin joderla, pero en el ínterin hubo una comunicación de pudor en tu cerebro pedófilo que no quiso que lo hicieras.

A tu lado, un moro acicalado en sus cuarenta, supuestamente demasiado viejo para ese trote chic discotequero, encendió un Djarum Black. Le pediste uno, te contestó que sí con acento palestino, que no había problem. Muy agradecido, volviste a tu faena pero echando bocanadas sensuales al ritmo de la música. La Ponka lo notó enseguida y siguió bailándote directamente, como si lo acompañaras en medio de la pista; sin bajar la guardia nunca.

Paja primera

Imaginaste que te arrodillabas frente a él y que él se lo sacaba para que tú se lo mordieras suavecito (flácido) y después se lo mamaras rápido (casi erecto). Alguien tropezó contigo mientras te hacías el cerebrito con el nene y te pidió disculpas. “Thats ok, thats ok man”. Regresaste a la escena de la plegaria y te detuviste a mirarle la cara a pesar de la semipenumbra láser. Tenía la misma cara de nena que tenía la cabrona puta de Adelaida cuando la contrataste por primera vez en un callejón oscuro sanjuanero hace par de años, al hacer el semestre de intercambio. Los mismos labios finitos (lo único que estos tenían piercing), los mismos ojos achinados, las mismas pestañotas góticas. La piel (carajo, condenao, lo distinguías todo aún con el salami cento in bocca) era la misma que tenía Adelaida. Ni un solo poro brotado, ni un solo barrito, ni un solo trazo marcado en la mejilla izquierda, ni en su complementaria comisura hambrienta, del último lechazo. Ojeras: muchas. Ésas sí que siempre los delataban, y más si se las pintaban; aplicándoles más polvillos grises.

La música trataba de jalarte de vuelta a la realidad progreinternacional del Gay Palace, pero tú insistías en venirte a la manera New Age. Jalaste a la Ponca por un brazo haciendo una fuerza anormal y ello provocó que se le rompiera la camiseta cuello uve Calvin, con apariencia de baratija blanca y requeterrepuesta. En tu delirio y arrebato bellacoso, el DJ puertorro (tenía que ser mamalón, gordo y bastante pato) puso reggeatón allí y tú -a las órdenes del jefe Yankee- te lo llevaste al baño. La multitud se dio cuenta del rapto, hubo ayes y murmullos en tono chismoso, hasta tipos escandalizados falsamente con el sonsonete de La Gasolina. El colectivo agitado por el teguístico “pónmela en la bémbola” que vino luego se fijó primero en los tatuajes de pájaros del paraíso que tenía la Ponka gravados en el pecho delicado. Tú también te fijaste. Decidiste suspender por el momento el ensalivado viaje al baño y proceder a lamerle cada bicepcito flaco como si no hubiese mañana. Olía a Channel 19. Él cayó de bruces debido a tu violencia y extendió el brazo en “vogue motion”, bien maricona ella, casi como en un trance de ballet ruso, derecho hacia tu boca. Te dio un puño ralo, como si tuviese puesto un guante de terciopelo color plata, que duró un milenio, y tú se lo devolviste con tu lengua astuta, lamiéndoles los pelitos de la axila sudada, pero con un olorcillo tenue a fragancia de nena, mientras tragabas hilitos calientes de tu propia sangre perfumada.

¿Era él o era Adelaida la que aullaba de placer mientras los otros, haciendo un círculo de solidaridad ruidosa a su alrededor (hubo órdenes, peticiones y gemidos fuera de lugar; fastidiosos) suplicaban por la consumación orgiástica? Ahí fue que te pujilatiaste por el clamor general de carne contra carne en salsa de Vodka Tonic y poppers, y que se te puso con la uña del índice izquierdo el crystal dust en las entradas de los rotos de las naricitas tembluzcas al pensar en el efecto que tendría sobre los tuyos gibralteños el contacto de la pantalla de metal que le traspasaba a la Ponka la bembita de abajo.

La dificultad de salir de la incertidumbre del sabor y la huella rusty del tacto de la argolla fría llena de bacterias alargaron tu viaje. Mientras tanto, uno de los osos peludos con camisas lumberjack que estaban en el foro habló por boca de uno de los sadomasoquistas con chalequitos de cuero y declaró abierto el concurso: “Señores del cenáculo, a coger y a mamar que el mundo se va a acabar”, dijo. La Ponka se viró y te puso las nalgas prensadas en la cara. Disfrutaste de que te mangaran en vivo en esa posición sumisa. Pasó un segundo, y se separó para que le pidieras más y pudiera asegurarse de tu empalme. Al verte, te diste cuenta de que se había rapado el pelo con “la cero” y que, además de a la putonga cabrona de Adelaida, se te parecía a Sinead O’Connor; pero un tanto más firme.

“Mal te veo, Gallianito. Mal te veo”, te dije en un arrebato de cólera verídico cuando llegué hasta la columna salvadora después de que me solicitaras el enésimo rescate. Querías que te insuflara el valor necesario para despertar de “la pálida” pajera sin tenerte que echar agua fría, volver de inmediato a la pista original y hacerle un avance superserio a la Ponka Asesina.
Paja segunda

(To be continued!)

julio 29, 2008

Tú me complicas la cosa: “Hardboiled se llama el género” Cap. 3 Otra Novela en cantos por Juan Carlos Quiñones

Por: Redacción de Estruendomudo en extranjería

wallenda
Escribe Juan Carlos Quiñones
Especial para Estruendomudo

Primer sobresalto

Tú me complicas la cosa. Yo no quería nada más que ser parte de lo indistinto. Ahora tú y yo buscamos a Galliano. Ahora yo y yo buscamos la muerte de Adelaida. ¡Qué cosa! Yo no quería buscar a nadie y ahora busco a dos y tú hablando y hablando. Escribiendo y escribiendo. Ahora yo no sé cómo moverme. A ver. Ahora yo recojo un papel del suelo, cualquier papel pero este, sólo este de entre cualquiera, y ya te amo y digo fuck, si ya la película estaba truqueada de antemano.

Yo soy un personaje.

Ese otro trama otra trama. El se inmiscuye, el escribe mejor que el que me escribe, y hasta habría un miedo de que su historia te atraiga, te seduzca a ti, y entonces yo tendría aquello que los mezquinos llaman la paz. Pero mira esto. Mira, lee, haz con tus ojos lo que haces con tus ojos si llegaste hasta aquí. Ahora Galliano. ¿De dónde carajo ha salido este personaje? Alguien lo busca, alguien lo llama desde el vacío de la página y ya se jodió, porque ya es un Karl Wallenda cualquiera, ya camina fino entre una historia y otra peor. Yo estoy buscando esto que busco. Es posible que ese que escribe a Galliano me ayude en mi búsqueda. Una voz, una persona de palabra lo busca a él. Yo estoy en la calle, salido de ese lugar que saben. Será un cuarto. Será una llamada telefónica. Será la vida. Voy. Yo soy un vulgar hijodelagranputa. Todo el mundo lo sabe. Voy.

julio 25, 2008

En celebración del aniversario del Estado Libre Asociado de Puerto Rico

Por: Redacción de Estruendomudo en extranjería

puerto rico 

 

¿Pero cómo yo pude vivir aquí? ¿Qué línea
sedentaria y monótona pudo tirar mi vida;
y cómo en esta aldea chata, feroz y esquiva,
pudo nacer la rosa triste de mi poesía?

-Luis Palés Matos, “Voz de lo sedentario y lo monótono”.

 

SEA LA MADRE DEL ELA, CON LA VENIA DE DONA INES.

julio 24, 2008

No todo es Amazon y Borders

Por: Redacción de Estruendomudo en desvío

Elestudiante Oller

Apoye a su librero local auspicie las librerías pequeñas converse con los dependientes que saben tómese una cervecita o un vinito en La Tertulia del Viejo San Juan frente al parking de Doña Fela mientras hojea los mejores libros no todo es Amazon y Borders

julio 23, 2008

Jummmy

Por: Redacción de Estruendomudo en desvío

deje32

julio 23, 2008

Ultima hora: Publican cuento “La mara de los She-Males” en revista cibernética Derivas Edición Pulp

Por: Redacción de Estruendomudo en utopía

woodf
Por la Redacción de Estruendomudo

Al julepe literario de los pasados días, se suma un texto mío sometido hace unos meses a la convocatoria de literatura Pulp -editada por José Borges- de la revista cibernética Derivas.

Espero que lo disfruten y también pasen a leer los de los compañeros Luis Othoniel, Elidio La Torre Lagares y compañía. Besos negros hasta el amanecer frente a la playa estadolibreasociada que es el 25 de julio para cada puertorriqueño rampletero y panzón. Salud!

Pulse aquí para leer “La mara de los She-Males” en www.derivas.net

julio 22, 2008

“La ponka asesina”. Capítulo 3: Primera mirada

Por: Redacción de Estruendomudo en pretextos

japonesita de Galliano

Escribe Manuel Clavell Carrasquillo

Se me ha ido
de las manos
algo trágico

e inocente

Nadie cubrió mis heridas
y lo mágico se convirtió en

vano

-La Ley, “Libertad”

Ojos serenos, mano reposada,
y jugando a ser triste sin tristeza.

-Luis Palés Matos, “Para lo eterno”

El animal no ama: no está en su diseño la cualidad del amor. El animal se esconde, atosiga, entrampa cuando puede, pero no puede amar. No es su cualidad amar; no es su designio.

-Juan Carlos Quiñones, “Dos pecados”

¿Cuánto espacio más quiero ocupar?
Dulce tentación de dejarlo todo…

-Café Tacvba

La depresión te cuarteaba los huesos en pequeñas láminas de plástico y te ungía los dientes con hiel maldita. Escuchabas un disco de Hendrix y otro de Beto Cuevas en replay permanente hace ya dos días, encerrado con ácido de batería en el estómago, callos jodones en los dedos gordos de los pies, musarañas en el cerebro y entonces qué, ¿qué de qué?, ¿qué carajos? No tenías más remedio que llamarme, Gallianito de mi corazón de embuste hologramático, para que viniera en tu auxilio (mutuo, según tú, seguro) y te hiciera compañía en la penumbra de tu lujuria trastornada en depre, porque no tenías “a nadie a quién culpar” por la derrota y las heridas del amor, ni mucho menos “a quiénes perdonarles las culpas”.

Hice acto de presencia en tu cuarto de hotel arrastrado por las muelas de atrás, porque no me quedaba otra, y, enseguida, al verme vestido de marinerito sobre cubierta, con mi trajecito azul y blanco Gaulterio preferido, bien pegado al cuerpo de dragón de fuego a la Potter que me diste, dictaste el Reglamento:

Artículo uno

Dior Mío, amigo imaginario salido de mi pozo séptico titubioso (yo invertido, copia exacta de esa gran gota de lluvia psiquiátrica; por eso lapachero neurotransmisor en el mangle interno), vivirá por mí cada peso y cada arrastre. Cargará sobre sus viejos hombros lo peor de mis relaciones truncas y mis anhelos mohosos. Se hará cargo de errores. Vomitará cada cerveza que me beba al ritmo de lounge, sentado en butaquitas con esqueleto de cromio forrado con cuero marroquí frente a las barras, hasta vaciarme de recuerdos sucios tras reminiscencias etílicas en los urinales de los baños, en la parte densa de los pastizales recónditos, en los cuartos oscuros de las casas abandonadas a la oscuridad frente a la playa. Tendrá que hincarse.

Artículo dos

Manejará las crisis que yo no pueda. Todas, si es posible. Se vengará de las palabras que vengan como dardos, de los malos reflejos de los arquetipos, del absoluto desconocimiento de mi ser y el quién seré, será. Lema: “Esta vez vengo buscando el corazón / esta vez lo intentaré otra vez”. Objetivo: compensación y resarcimiento.

Artículo tres

Tendrá derecho a protestar, pero no voto.

Artículo cuatro

Se reportará únicamente a esta Fiscalía General de la Nación protegida con cámaras vigilantes las 24 horas que es mi consciencia de abogado nice and proper. Y eso es todo por ahora.

Análisis clínico, cabe:

Condenao, ¿conque no te acuerdas de lo que pasó?

Mucho antes de borrar la cinta, estuviste ocupado con el caso de las detenciones arbitrarias de barcos con mercancía original de Carolina Horrera (CH) en varias de las exclusas del tramo Río Negro-Danubio, la autopista “natural” que conecta los navíos que zarpan de América con la Europa del Este. La doña quería declarar la primavera en pleno invierno húngaro al inaugurar en Budapest la nueva boutique de su emporio fashion.

Tuviste que visitar oficinitas trepadas en zancos metálicos sobre los ríos y las rías para entrevistarte con oficiales de segunda que exigían un aumento en su comisión de los sobornos. Exacto, vestido como el más fino de los litigantes de la jurisdicción marítima en el orbe, ni siquiera intentaste razonar con los gendarmes portuarios. Los macharranes te ofrecían todo tipo de bebidas calientes para que se te escapara el frío por los poros, pero tú hacías gestos de negativa y no les reías las gracias. Inclusive, se escucharon en las villas obreras destartaladas de la ribera contigua par de insultos tuyos. Aunque no lo creas, eso me gustó, por un momento fuiste tú sin miedos, y aplaudí un poquito cuando lograste torcerles los brazos y salir con la ganancia: aceptarías el aumento tarifario a cambio de menos inspecciones sorpresa y menos incautaciones de cajas por los pejes sindicales que comandaban a los estibadores. Eximirían de los rayos X a la flotilla con bandera venezolana de CH.

Retazos de la orgía

1.
No fue hara-kiri.
A veces se interpone el corazón confuso
entre puño y cerebro. El agresor
se hiere y expone las entrañas.
La intención, sin embargo,
es homicida.

-Hjalmar Flax, “Serie necrófila”.

Usaste el I-Phone por vez última en el taxi que te llevó del control del puerto de Rotterdam hasta el hotelito de diseño cuatro estrellas para comunicarte con las centrales del bufete y dar las buenas nuevas. Luz verde para la pautada llegada de “la mercancía” a su destino. Abriste la puerta de la habitación y colgaste el traje Tom Fordis en la percha mientras te desanudabas la corbata, los zapatos y así, inclinado de medio ganchete, le echabas desde aquella bajura media un vistazo a la decoración del sitio. Maldijiste la hora en que dijiste que sí a la Habitación Blanca Murakami, porque ahora te parecían espantosos los detalles de encaje en colores pastel con forma libre de telas de arañas peludas que hacían el contraste con el fondo perla pálido de las paredes empapeladas. Ya descalzo y desabrochado, caminaste hasta el mini-bar y te serviste un Cosmopolitan. Te sentaste en el sofacito de piel nívea, encendiste la pipa de agua paqueada con hachís y pensaste en el plan maestro para la tercera venida literaria de la noche celebratoria que, para ti, Gallianito estúpido, es sinónimo de depravada.

Te habías citado en el Gay Palace de la calle Schiedamsesingel 139 con tu colega traquetero, el flaco portugués que también te acompañó a jugar fútbol durante aquellos tres meses eternos en que fueron amantes a lo loco, y una de sus muchas conexiones transtráfalas. Invadiste sus cuatro pisos llenos de árabes, skinheads y ponkas con un guille cabrón, proporcional a tu victoria estilo serie de HBO Mandrake, y pediste de inmediato el segundo Cosmo de la noche. El líquido te ayudaría a marinar el taco pulverizado de crystal dust que se te alojó en la garganta y te haría el favor de borrar de la memoria la indomable pinga portuguesa.

Las lucecitas de tu infierno predilecto rebotaban contra tus retinas como rayos láser anunciantes de ceremonia tribal en pleno capitalismo tardío y el tecno te iba soltando los músculos hasta empujarte a la chicanimalidad ansiada provista por la danza colectiva en momentos de tribulación apocalíptica, tal y como lo viste en The Matrix Revolutions. En ese momento, decidiste exhibir en la pista tu cuerpazo de gimnasio ataviado con un mahón gris oscuro YSL que apretaba tus veintinueve de cintura hasta marcarte las nalgas y una camiseta Pradat negra, de cuello V, ceñida, que hacía que tus pectorales de modelo estándar resaltaran.

Brincaste hasta el techo sin tocarlo y te moviste como un mono prieto amenazado por los cazadores en la selva. Simulaste la configuración de formas geométricas en al aire con tus brazos y tus piernas, sudabas como salvaje fugado de la jaula, diste pasos largos de gimnasta frustrado, Gallianito, fuiste otro de los pendejos a la vela que bailotean la nota debajo de una bola de discoteca forrada con espejitos trili, reflectora de los despojos de los maricas extasiados con el último hit de house progressive.

Pero gustaste.

Justo al lado tuyo, en medio de aquella multitud de blanquitos holandeses arrebatados y moros expatriados borrachos que se pegaban los huevos peludos, apestosos a macho en celo, unos contra los otros debajo de la espesura espectral del humo del tabaco turco y los porros, viste al niño bello de tu ruina. “La Ponka” abría camino para ligarte entre la niebla tóxica con un gesto particular forjado con la combinación truculenta de “ojos delineados con MAC, pómulos altivos y labios prensados”, semiestático en su pose seductora, deseándote con una fuerza electromagnética que no habías sentido antes penetrarte el hígado. Allí mismito, en un nanosegundo que sólo conté yo (qué clase de cojones, este casito que me toca), quedaste petrificado como el David de Miguelángel por su enigmática mirada.

Dito, pa, qué lástima, ¡tú frente a Goliat en pleno campo de batalla y desprovisto de onda!

Los capítulos anteriores de “La ponka asesina” fueron publicados en el periódico Diálogo, de la Universidad de Puerto Rico: “Ciertas confesiones de Dior, amigo imaginario de Galliano” y “Zozobra Galliano en un mar de sargazos simulado”. Espere el próximo capítulo por el mismo canal y a la misma hora el próximo martes.

julio 22, 2008

“Hardboiled se llama el género” Capítulo 2. Otra novela en cantos por Juan Carlos Quiñones

Por: Redacción de Estruendomudo en extranjería

Flor por Aussiegal

Que no me vengan con paraísos, Lucyblell
Escribe: Juan Carlos Quiñones

Ten paz. Ya estás aquí. Este es tu lugar final. Yo puedo decir tus palabras, como una cotorra, o puedo hacerme cargo. De tus palabras. Observa: tú dices suéltame. Yo digo suéltame y adquiere un significado mayor. Tú quieres que yo te suelte de esas amarras y yo quiero que tú me sueltes de estas amarras de lenguaje y esto es enfermo. Tú no me ayudas y yo casi no te ayudo. Calla. Haz el silencio ahora. Luego llegará el héroe que te salve o no. Nuestra relación es desigual. Asimétrica, diríamos si fuéramos dos. Tú estás amarrada, a la vida por ahora y a esta cama por ahora. Yo te prometo una flor violeta y la muerte, que son lo mismo. Escucha, que para esto y tu flor estoy:

(lo que hace una mano, ayudada por otra)

Un cuerpo es el invento de una mano, y ya una mano es la metonimia de un cuerpo. Una mano se mueve y ¡zas! aparece una escritura, o un tajo o sí, también un cuerpo que tiene entre sus pertenencias naturales una mano. Una caricia es el recorrido de la piel que hace una mano por ese territorio incógnito que es un cuerpo, que lleva una mano a rastras como la cola de un animal terrestre dialogando con el mar. Esto es un mar.

Lo indistinto. Donde todo se mueve y todo es todo y no hay que ser ni x ni y. De ahí, de ese mar, hay que sacar por la cola al animal profundo, resistente, que se indigna contra la fuerza de la indisolución. Sí, es una lucha. A muerte a veces. Mi lucha.

La caricia es un modo de la cartografía. La caricia recorre un territorio Más allá, mucho más allá de la seducción y el deseo. Esta palabra última no se repetirá, debido a su indigna facilidad. Igual lo es el tajo, el beso, el lenguaje. ¡Qué ciencia es esta!

Ahí está. ¿Lo ves oculto detrás de la neblina del lenguaje? ¿Lo ubicas más apartado del mundanal ruido? ¿Lo percibes? Un animal profundo. Una fuga que se escapa zas, dejando atrás la huella de una mano. Una mano que se cierra. Siempre. Sobre algo. Siempre se cierra sobre algo. Feuerbach, opacado por los vendavales de una teoría que se inventó como se fabrica un cuchillo. Un cuchillo, una bomba atómica tiene un destino inicial, siempre inocente. Ese destino siempre es radicalmente aburrido. Luego se tuercen la película y el cuchillo, la bomba atómica entra en el cuerpo equivocado. Un peluche, un cuchillo, el cuello de un cisne. El aire.

Mueren mil japoneses. Hiroshima, mon amour.

Mueres tú.

Dos inventos.

Existe un pasaje en Marx (¡tantos pasajes, tantos pasadizos, cómo culpar al pobre Marx por hacer a regañadientes literatura!) en el que habla de un cuchillo. Él está hablando con Feuerbach, y lo sabe. Un cuchillo no es lenguaje, pero es un objeto nombrable. Una mano no es el lenguaje pero sin mano no hay lenguaje, sin lenguaje no hay mano para nombrarla.

Matar no requiere de lenguaje. Es un gesto justo, preciso, por más torpe que sea, como una violación que siempre lleva al fracaso pero se dice, uno dice, él, ella dice, ya. Ahí está. No hubo lenguaje de intermedio.

Sólo lo humano tiene la capacidad y la confusa disposición de asir el aire. O el agua. Sólo lo humano ase el agua, hace el agua en la hechura de una capacidad que tiene un nombre inútil, como todos los nombres. Ahí, entre las manos, escurriéndose, anda el lenguaje. Escribe, cabrón, escríbeme.

Ahí está míralo, ese cuerpo pidiendo cuchillo, pidiendo mano, pidiendo lenguaje. Me enloquece. ¿Eso es un objeto? Un objeto es una piedra rodeada de agua. Lo distinto nadando en lo indistinto. Hagamos.

Hazme, con tu muerte de lo distinto a lo indistinto, como un ritual.

Yo no te entiendo. No entiendo tu silencio. Otra vez.

Calla. Nadie aquí ni en ningún sitio sabe tu nombre. Amarrado él, amarrada tú.

¿Qué hago contigo?

Nota de la Redacción: El primer capítulo de “Hardboiled se llama el género”, una continuación de la novela “Adelaida recupera su peluche” se publicó en este blog bajo el título de “Dos pecados”. El lunes, 28 de julio de 2008, se publicará el tercero, que lleva por nombre “Tú me complicas la cosa”. Espérelo.

Foto por Aussiegal. Creative Commons, Atribution.

julio 21, 2008

Zozobra Galliano en un mar de sargazos simulado

Por: Redacción de Estruendomudo en pretextos

galliorgia 

Escribe Manuel Clavell Carrasquillo

(Segunda parte de una serie indefinida ahora titulada “La ponka asesina”. Espere la tercera el miercoles, 23 de julio.)

Las consecuencias de un caluroso viaje de negocios lleno de temblores y punzadas de las oficinas en Manila a las de los Emiratos Árabes Unidos, con la encomienda de tratar de enderezar los desastres del bufete, te pusieron a reptar en cuatro patas y a pedir auxilio como un desquiciado sobre el borde de la piscina de agua amarillenta y salada del hotel Palma Real Luxury Club. Tenías hang over, habías almorzado mal y te dio un calambre. Te estabas ahogando en un mar falsificado.

Tanto dolor sentías, Gallianito, en la base de los pulmones manchados con tabaco –y tanto líquido yodado tragaste– que tuviste que llamarme entre alaridos y perdones reiterados para que saliera del quinto infierno en el que vivo para ir a tu rescate, como ya es costumbre cuando pierdes el control que con tanto orgullo exhibes frente a tus terneritos pares.

Al llegar, me topé con otra de tus escenas tristes. Estabas pidiendo cacao bocabajo bajo el sol ardiente con olor a una mezcla de bronceador Hawaian Tropic Coco y Piña y te faltaba el aire. Qué remedio, me dije, y procedí a reconfigurar para mi archivo tu acto natatorio fallido e irresponsable del siguiente modo:

Primera metamorfosis

Convoqué a Yemayá, dueña de todas las aguas y el mar, para que manifestara en público, frente a cada uno de los musulmanes de gafas oscuras y tanga que te monitoreaban la respiración salvaje mientras por poco te nos ibas de este mundo, porque fue ella quien te devolvió a la zona llana, oxigenada por la leve brisa, luego de haberte succionado hacia lo hondo. ¡Muákata-Muákata!

Pensé que, de esa forma, al exprimir cierta comunicación celular o cibernética con un aparato eléctrico en forma de sopera o tinaja de loza con fusibles, según se analice el contacto esotérico con la Orisha del río Oggún de mis pesadillas afro, podría auscultar los motivos de la segunda oportunidad sobre la Tierra que te ofrecía oronda al salvarte de la más humedecida de las muertes humanas.

Antes de chascar los dedos de la mano derecha, engancharme una caracola gigante en el oído y pitar de forma parecida al sonido de las olas para completar el trance, el Gran Útero salino me contestó diciéndome a mí y a mi amigo agonizante:

“Ay, con que Virgen de la Caridad del Cobre ni que Virgen del Carmen o sea Virgen del Pilar (la-Negra-¿voy atrás yo?, ¿velas?, ¿flores?), patronas de los pescadores y los ahogados devueltos con sargazo y piras de sal en el estómago, así que rujo y soplo, shshshs, para escupir a Gallianito (ya otro) como Jonás; transformado en un manojo de conchitas duras unidas por un hilo de pescar verdoso para que se concretice más sólido su espíritu blandengue como lobo de mar y no se queje. Completamente seguro de sí mismo, menos los miedos del falso balance terráqueo, convencido de las propiedades sagradas del mareo y devaneo de las leyes y los reglamentos y las decisiones pre y postvértigos… Por mis siete remos, mis siete manillas, mi corona, mi timón, el sol, la luna llena, mi mano poderosa colmada de caracoles, mi sirenita rubia Clairol, mi plato, mi salvavidas, mi estrella, mi llave, mi maraca pintada de azul, mi pilón y mis hierros de plata… Shshshs, serás sano y salvo, Gallianito, en el valor y el sacrificio de los vivos, restándole la mortificación de los difuntos que asechan. Se te inflarán los pulmones adoloridos, porque eres criatura carnívora, devoradora de aires bucaneros, y en la frente llevas la marca de anticapitán sanpérfido. A remar por las carreteras de la palabra alzada, Gallianito, rema. No te toca todavía rendirme cuentas postfúnebres pero apunta, que ahora bastante que me debes. ¡A trepar de nuevo el peñón inmenso en el que me quiebro y me hago espuma!”.

Florecimiento de las agallas

Luego del accidente, en el lecho hospitalario de la Creciente Roja, exhibiendo dos agallas inservibles que te sobresalían de las sienes (ya sin ánimos de meterle más wasabi al sushi de tus esperanzas) me confesaste que fue mi voz grave lo que te mantuvo alerta en medio de la tempestad, porque el aumento de sueldo posible después del último triunfo legal te había llevado a una bacanal de tres días que culminó en naufragio.

Entre el humo de los tabaquitos negros que usabas para desplegar cierta elegancia al litigar las defensas internacionales de tus clientes en las afueras del Tribunal de Almirantazgo (y los alucinógenos que te zumbaste con alcohol en la barra en lo que confirmabas que la orden de embarque de las mercancías Dolce & Gabbana fue firmada), se te nubló todo en la alberca. La fina zambullida sirvió para que los ayudantes –que te acompañaban vistiendo escuetas trusas Givenchy– degustaran brevemente tus atributos de flaco en cueros con guille de mamito. Lástima que esa imagen pronto fue borrada y sustituida por la de los paramédicos en plena faena boca-a-boca.

De la Puebla vs. Buenaventura

Mucho antes del percance turístico, te vi de lejos parado frente al podio postulando contra la flota naval catalana en reivindicación de un contrato de transportación de siete tomos rubricado por Esteban Rui de la Puebla y Micheo Buenaventura, en representación de la compañía Sea-Landesa y Arponera Ballenera, S.A. Explicabas que las vistas judiciales fueron en los Emiratos porque la naviera demandada se sometió a dicha jurisdicción voluntariamente. Nada de nada (jurabas en vano por los mil nombres de Alá), vuestro honor, xuparon los árabes jurisconsultos excepto la buena tajada que le diste al honorable juez presente.

Para que te acredites, paga

Eso es lo importante, Diorcito; que tengo que pagarte a ti y a Yemayá –me decías en medio de tu delirium tremens por la asfixia–, no que los machazos albaneses de la tripulación del barco de tus clientes tuvieron una trifulca por los condimentos de las comidas y los turnos para la oración con los sucios serbios. Eso provocó la colisión entre los navíos y la pérdida de las cajas de los trajes (Dolce & Gabbana) que se chupó el Adriático. “¿Quién fuera albanés engañado y perdido en el gran templo de un serbio ortodoxo en plena promesa integracionista?”, repetías. “¿Quién fuera pez albanés escamado en manos de pescador serbio barbudo con botas plásticas, hundido por corrientes submarinas?”, balbuceabas, mientras un enfermero decidía cuál de tus venas pinchaba.

Cuando te vi tendido, dabas órdenes a los de bata blanca. Repasabas recitabas la agenda de la tarde y les indicabas a las sombras que veías –luego de que el sol te dejara una ceguera blanca– que tenías que presentar una demanda, que te prepararan el sello notarial, que llamaran a la parte contraria para cuadrar un interrogatorio. Terco, venido por segunda vez como Moisés, Lázaro y Cristo de entre las tinieblas, tu superyó dictatorial tomaba posesión de tus sentidos. Pedías orden para el espíritu que se te escurría: “Mi Dior”, decías. “Orden en la corte celestial, no hay túnel alguno”, blasfemabas. “Orden en la sala de los mártires inexistentes de Mohamed”, expresabas con rabia. “Sólo Yemayá, a quien le pago con promesa de erigirle una fuente de agua viva, reinará las escorrentías y los lagos”, murmurabas. “Mi Dior”, te amo.

Al final de la odisea, cuando te dejé solo en la sala de cuidados intensivos, molesto por tu miseria autoinfligida, aún respirabas como un acordeón enloquecido y decretabas que te trajeran hielos con syrop de frambuesa. Ay, pichón de divo, que con algún dulce fantástico te hicieran hinchar aquellas semibembitas gibralteñas ardientes y saladas para que se te calmara de una vez y para siempre (por secula seculorum) aquella espantosa sed de tu existencia zozobrada.

Este texto fue publicado en el periodico Dialogo de la Universidad de Puerto Rico.

julio 18, 2008

Comunicado de Prensa: Estruendomudo publicará dupleta sangrienta: “La ponka asesina” y “Hardboiled se llama el género”

Por: Redacción de Estruendomudo en estruendomudo

Por la Redacción de Estruendomudo

Hermanos: En verdad de verdad os digo que este blog se complace en presentar la segunda novela por entregas del escritor Juan Carlos Quiñones. La primera, titulada “Adelaida recupera su peluche” está disponible en la columna derecha de esta página para su deleite y fue publicada aquí en 15 cantos hace varios años, traduciéndose en un éxito under de la blogalaxia.

El experimento actual consistirá en ir publicando capítulo tras capítulo de “Hardboiled se llama el género”, texto que a su vez complementa el de “Adelaida”, tal y como el escritor los vaya produciendo y entregando.

La primera salida de “Hardboiled”, luego del adelanto del capítulo 0, titulado “Dos pecados”, está pautada para el martes, 22 de julio de 2008, antes de las doce del mediodía. Sed pacientes, aguantad el fin de semana, que no los defraudaremos tan pronto.

De otra parte, los capítulos de la novelita comercial e inédita “La ponka asesina”, de Manuel Clavell Carrasquillo, serán publicados en serie un día después del capítulo de “Hardboiled” porque el autor no pudo resistir la charritentación de copiarse de su amigo Quiñones.

Hasta entonces tengan todos besos negros hasta los futuros amaneceres frente al mar o en las orillas de los ríos Y CUIDENSE DE LA PONKA!!!!

julio 16, 2008

Virgen del Carmen, estrella del mar

Por: Redacción de Estruendomudo en incontinencia

mar virgen carmen1

Escribe Manuel Clavell Carrasquillo

Cumplo promesa luego del ahogamiento que libré ya? hoy es el día de la Virgen del Carmen Estrella del Mar Patrona de pescadores y pescados como yo-jodido por los marullos terribles enemigos gigantes con armadura de aguas que aplacó en milagrosa hazaña junto con su hermana Yemayá y su padre Poseidón me hinco me encuclillo saco un minuto antirracional para rendir respetos supersticiosos a la mujer maravilla masco sal de mar en grano para reconvocar la presencia fem la cosa esa divina vestida de judía brown del más allá el golpe de suerte la casualidad la velaera desde arriba desde el lao la guardia de mi carne descompuesta en medio del mar mi cuerpo seaweed wounded la tipaza madre del salvador reina y madre que me brindó de salvavidas en el momento de la asfixia en el justo momento de la ceguera en el momento de los dolores abdominales del desgaste físico de la kavrona sed que me provocó el exceso de sol de fast food de cancerígenos y estimulantes el achicharramiento de la piel la inconciencia repentina crack el respirador la bomba de resucitación artificial en plena playa del Condado un domingo de Pascuas en Atlantic Beach Hotel junto al Gringo más hermoso del mundo y los surfers más diligentes del universo en wetsuitstights un triduo pascual invertido decorado con tangas de maricones con olor a Coppertone de Walgreens la brigada de salvamento que me socorrió en plena deriva en medio del vendaval de lo absurdo de la irresponsabilidad del conteo de los minutos bebiendo Coronas con limón hasta que pase la muerte en forma de ola y arena de caracola soplada con ánimos de asesinar ay loas menciones rezos públicos y privados murmullos en inglés en honor a la virgen la patrona del municipio de Río Grande de mi infancia campestre catequista en las pocitas de playa Las Picúas de mis raíces ancestrales remontantes a la que allí me tomó en sus brazos enormes y suaves con olor a cold cream de Ponds y me arrulló desde una lejanía inmensa al oído “Manuel no vas no vienes quédate ven al decenso tuyo en el nombre del padre pulmones y del hijo riñones y del espíritu santo de la hiel de tu guille de cangrejo azul a este decenso que no va a ser no todo le doy shut down

Torremolinos

julio 9, 2008

Dos pecados

Por: Redacción de Estruendomudo en extranjería

naranja sangrienta naranja sangrienta 1

Escribe Juan Carlos Quiñones

Para A. y para T., mis dos pecados capitales. No me arrepiento.

Algo relacionado con el amor. No exacto: lo exacto aparece con la forma de lo terrible casi siempre. O siempre. El modo exacto tiene esas implicaciones que no son las más interesantes. Tiene, de hecho, el modo terrible de la atrocidad. Uno diría: algo es atroz porque implica una muerte, y nadie en el mundo quiere una muerte. Uno diría, sin embargo, una historia fatal: lo claro que implica la muerte de alguien, y lo terrible que implica contar dicha muerte. Eso es una historia fatídica, y sin embargo contable. Alguien murió: eso pasa. Alguien cuenta que alguien murió. Eso no es tan común. Digamos algo así, por decir algo: alguien murió. No es lo mismo decir alguien murió que decir, escribió que alguien murió. No es lo mismo que alguien se muera a que alguien cuente que alguien se muera. No es lo mismo.

Otro es el amor: algo no exacto, pero similar. Así, alguien se muere y ya tenemos una historia. Esta: el animal amado descubre su animalidad. Ya no hay humanos pero hay una historia. Y algo relacionado con el amor. Y con un animal: digamos.

Otro es el animal: un rinoceronte, un ratón, digamos un ratón por decir alguien. Un ratón. La vida de un animal es indescifrable: la vida de un humano no lo es tanto. El animal no ama: no está en su diseño la cualidad del amor. El animal se esconde, atosiga, entrampa cuando puede, pero no puede amar. No es su cualidad amar; no es su designio. El transigió intransitable de habitar el espacio del amor es totalmente humano. Es castigo del amor amar para los humanos, tan seguro como lo que sea seguro para los humanos. Eso es terrible.

Esta es la historia de un amor.

¿Cuál? Toda la historia de un amor es la historia de un humano, y las historias humanas son extremadamente aburridas. Cada humano es una habitación poblada por la plaga del aburrimiento. Todo humano es aburrido. Toda la vida de todo ser humano es aburrida. Las tristezas, los mínimos momentos de excitación, de tragedia, de amor, es extremadamente aburrida.

Entonces, esta es la historia terrible de un aburrimiento.

Sea.

Ahora me llamo “yo”. Ese es un nombre tan habitable como cualquier otro. Como cualquiera. La muerte de un ser humano es insignificante. Es terrible. Es insignificante. Un amor.

*       *       *

Sea.

Una muerte. Cómo cualquiera. Puedes ser tú, cómo tú moriste ayer, sin chiste y sin causa. Yo amé a alguien y maté a alguien. También escribí.

Sea.

*       *       *

La historia de un amor. Era así: una historia de amor es una historia cualquiera. Cualquier persona muere de amor. Cualquier persona muere. Cualquiera es matado. Pum. Así, uno podría escribir tres historias: la historia de la imagen, cómo una imagen para una historia, para ilustrar una historia; la historia de un amor porque de amor se trata; la historia de una muerte porque de muerte se trata siempre, siempre. Empecemos:

El amor: Yo amo a alguien, y ya eso es una historia. Así: ya amo a alguien. Y mato. Lo último lo paga el diablo. Algo mal: la imposibilidad de amar desde la palabra.

Puedo matar.

*       *       *

Esta es la historia de un amor, que nunca empieza. Alguien mata a alguien en cierta historia. ¿Cómo matar? Algo sencillo: alguien mata a alguien. Un gesto. El amor. ¿Cómo hacer, escribir esta historia de amor? Fácil: como una muerte. ¿Cómo escribir una muerte?

Gran problema.

*       *       *

El problema grande no es matar a alguien. El problema grande es escribirlo. Esta es la historia de un amor. Igualito a la historia de un muerto. ¿esto es un muerto? Todo muerto reclama su historia. Todo amor, igual, la reclama. Entonces amar y matar se igualan, qué vaina. Algo se destruye en el acto de amar. El otro es obvio.

Si yo tuviera un muerto entre los hombros menos tendría que escribir. La muerte real ahorra las palabras. Yo no he matado a nadie, y por eso tengo todo lo que se dice la muerte entre los hombros. Tengo muertes. Muertos. ¿Amor? Un amor. Todo el amor del mundo.

Sea.

Esta es la historia de un amor, y lleva tu nombre, como alguien lleva algo entre los hombros. Un beso, acaso. La  muerte la llevamos a cuestas y no nos quejamos. De la vida tampoco. El amor tiene el nombre del disparate. ¡Qué mal! El terror está en otro sitio. ¡Qué mal!

Yo quisiera un alivio y un mal que alivie los males. Yo quisiera matar a alguien, para que la muerte adquiera algún sentido. Yo quisiera que alguien me convenciera de que la literatura es la estupidez que yo sospecho. Si alguien me pudiera convencer de que el amor es un acto mismo, idéntico a lo literario, igual de ridículo, yo podría compararlo, y morir en paz. El aburrimiento es el peor de lo malo: es lo inhumano. Yo no estoy seguro de lo bueno: ¿Quién podrá estarlo? El intento es suficiente.

Esta es la historia triste de un amor, y así habrán otras. Tú estabas elucubrada en esta. Es cierto, no es imprescindible. Yo quiero averiguar la muerte de alguien, como un experimento y una obscenidad. Vale. tengo el atrevimiento del amor. Fuck me. Sé algo grande: así se escribe. Así se mata. Y sé más: así se ama.

julio 8, 2008

XVIII.

Por: Redacción de Estruendomudo en cuadernos de la depre

Entre el cariño y la crueldad
asoman las cabezas
mil criaturas
nuestras

mcc

julio 7, 2008

XVII.

Por: Redacción de Estruendomudo en cuadernos de la depre

Saco la cabeza del agua

con guille de periscopio ultratecnológico

observo las ruinas del amor después del amor

-fin de la chulería-

mientras chorreo

a la deriva entre mareas flojas

Veo un sargazo fuscia por ahí

con un letrero enredado que dice en letras a magic marker indeleble wuákatela fo

dos caracolas que envían señales de nácareco opaco a la nada

y hablo solo en lengua lunfarda trunca por el alemán:

-Like a Prayer Mood-

“Espérenme postderrotado

en la quilla del pasme de mi propia maldad

vulnerable por la automatización de los cariños

bip bip

roto por maltratante violento

absolutamente cedido esplayao maltratado en el renglón banalcarnal…

Orilla de los orilleros perdidos esperadme

arrecife peñón del Gibraltar Descompostura Nocturna átame a ti

Luna nueva que no me puedes guiar = negra ausente de mi vida

al menos

amárrame la lengua los ojos mutilados del corazón el roto pelú ventricular

cóseme los labios del bicho con hilo de pesca y aguja de huesos rotos

tras la conversación del tránsito transicional

del cambio de rumbo transaccional con interferencia de anuncios en el web

Lanzad cabrones otra ola que se me tire en contra

que yo cacheo

Programen maricas otra ola que me escupa contra el cielo azul manchado de espuma rabiosa

Esperadme en la bajadita charra de la poza con erizos en lo que me calmo

flotaamores míos re con re fi re du remix

enciendan y pasen el jacho entre los carnosos

lamparitas faritos lucesitas en fuga

Voy por ahí”

mcc

julio 5, 2008

XVI.

Por: Redacción de Estruendomudo en cuadernos de la depre

Una sed que no se sacia con el agua

o

la sequía fatal

mcc

julio 1, 2008

XV.

Por: Redacción de Estruendomudo en cuadernos de la depre

Resulta que se aflojan los principios básicos

durante el interinato del camaleón

en el centro del pecho

Enter the ancient little dragon to destroy the ribs:

Par de columnas morales en mármol que se ablandan

tras cada improvisación

mcc

junio 30, 2008

XIV.

Por: Redacción de Estruendomudo en cuadernos de la depre

¿Cómo sé [confirmo] si ya se me pasó?

mcc

junio 27, 2008

XIII.

Por: Redacción de Estruendomudo en cuadernos de la depre

Me aplasta

el peso de la responsabilidad

El fardo del deber-hacer descansa en el primer piso lo observo desde el balcón también desde el tope de la escalera metálica en espiral que los conecta me espera con su cargamento de protocolos y directrices con las ilustraciones de la mecanización del obrar predeterminado lo observo y fumo con la esperanza de que tras cada bocanada irracional y cancerígena disminuyan los quintales de su contenido mineral que se pulvericen los átomos litográficos de sus formas redondas inoloras que se pulan las protuberancias cortantes de su malestar nada que te pongas a hacer que te pongas a planificar ponte en órbita entrega escribe inscríbete hoy en algún proyecto matrículate hoy en una iglesia en un corito de alabanzas a la realidad sin show resuelve lo que haya que resolver compra lo que hay que comprar sácalo del parking viene viene viene viene negrito a producir a subir el fardo y a bajar la escalera de metal mohosa ahora / mohosa en espera de Brasso y mollero listo para descascarar

mcc

junio 26, 2008

XII.

Por: Redacción de Estruendomudo en cuadernos de la depre

Peristencia de la soledad

aunque acompañado

quiero salir no sé a dónde no hay dónde quiero dormir no puedo me voy para la calle a ver qué tal busco actividad cultural calmante nada voy entonces sin rumbo ni expectativa me dejo llevar hacia los locales de baile y bebida de la playa camino sobre la arena mojada la brisa me da en la cara me encuentro con un montón de gente borracha saludo a dos o tres nada me siento solo igual igualmente solo entre tantos que comen frituras escuchan música de Ipod habiendo vellonera allí y se gritan unos a otros para poderse escuchar aunque sea mal regreso a la habitación de la morada de la desdicha alimentada y sostenida por una obsesión reprimida (”Rosa Salvaje, soy yo… Rosa Salvaje”) y descarrilada por indicaciones de la moral de las buenas costumbres del Papa Boricua y el Jesucristo Hombre un desarreglo divino que incluye prácticas sexuales no recomendables ganas de joder y pactos diabólicos dos o tres embustes bien dichos a gente importante y gente supuestamente decente que quiere ayudar nada que las cosas están malísimas en dentro y en fuera de la habitación y sueño con salir sin tenerme que levantar leo un libro nada por aquello de ver si lo que antes me funcionó ahora me funciona nada busco de dios entre la música de Laura Pausini y Andrea Bocelli quiero armarme de valor para salir por esa puerta a matar a dos o tres cabrones con una semiatomática en mi patio por aquello de la defensa legal que me han hecho la vida de cuadritos nada y me tienen la bola derecha cuadriculada como mi futuro nada en el mundo cruel sobre esa construcción ficticia y geométrica monté trompa me tomé una pepa me bebí una gasolina de tequila, vodka y ron me fumé un leño me inyecté se me desensortijaron los cuatro pelos del pecho y escupí en los alientos recibidos nada en las palmaditas de querube mal querido nada y en las ayudas técnicas nada quise / nada fui y no me levanté de la cama miré al techo desnudo axilas expuestas al azar (la no caricia el anti tacto del no macho caliente allí) y vi pasar la línea de hormigas en la tarde lluviosa y el agua entraba por las ventanas miami de mi soberana demencia depresiva la lluvia sonaba contra el metal de las ventanas miami y nada no lloré me arropé y me di la vuelta contra la pared y antes de dormirme le di un beso seco al empapelado rosado con líneas de plata setentoso aún horrible todo frío mas con el abanico encendido en contra de los mosquitos nada los goterones la melancolía el cantazo de los chorros contra el bitumul de la avenida nada persistía la soledad

a gabino

mcc

junio 26, 2008

XI.

Por: Redacción de Estruendomudo en cuadernos de la depre

No hay antídoto contra el veneno del recuerdo de tus besos

ni consuelo ni refugio

La paz interior es un invento de los lamas

y yo soy demasiado incrédulo

mcc

junio 26, 2008

X.

Por: Redacción de Estruendomudo en cuadernos de la depre

Piso y no arranco
quedo aturdido
en la espera eterna de la superación del trauma
herido por la punzadita antihigiénica
del dolor

mcc

junio 26, 2008

IX.

Por: Redacción de Estruendomudo en cuadernos de la depre

Durante la espera creo ver monstruos sustitutos de lo que pasó

mcc

junio 25, 2008

VIII.

Por: Redacción de Estruendomudo en cuadernos de la depre

Nadie me quiere

todos me odian

me voy a comer un gusanito

I’m a looser, baby

so

why don’t you kill me?

mcc

junio 25, 2008

VII.

Por: Redacción de Estruendomudo en cuadernos de la depre

Incertidumbre

o la madre de todas las batallas

acribillado por la balacera de la interrogación

mcc

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